martes, 24 de febrero de 2009

DICCIONARIO DE LA LEAL ACADEMIA DE LA LENGUA YUCATECA


FO: Modismo empleado para manifestar sentimientos de desagrado o repulsión.

Equivalentes: !Fuchí!, !Guacala! y !Que asco!

Ejemplos: !!!!Fo!!! !Te apesta el pirix!

Nota importante: No confundir con Dario Fo, actor y dramaturgo italiano ganador del Premio Nobel, ya que se corre el riesgo de parecer huiro.

OFELIA EN EL RÍO


Enloqueció.

Saltó.

Al río fue a parar.

Se fue.

Se ha ido.

Ya no volverá.

Pequeña era y frágil se sentía.

Muerta por la realidad.

Redimida en el voto suicida.

Pobre flor de abril.

Burlada en su propio jardín.

Ofelia y su canto.

Ofelia y la locura.

Ofelia y el río.

Joven e inocente.

Incomprendida y perturbada.

En el río de Dinamarca, duerme sola y ahogada.

Le gustaba hablar de chicos, de chicas, de flores y pastillas.

Bailar en la pradera húmeda y rasgar su vestidura.

Las aguas su cuerpo sostienen, relajando a esos pezones blancos y dormidos.

Extinguiendo de sus ojos el brillo divino.

Nada puede despertarla, ahora que en su acuática tumba descansa.

Ofelia mía.

En este pantano se llora.

En este río tu cadáver se baña.

En este líquido tu juventud naufraga.

Pobre Ofelia.

Muerta con tus flores, ya no dices nada.

Pobre Ofelia.

En el río del crudo invierno.

En marina sepultura.

Yaces sola.

Yaces callada.

Yaces ahogada.

1998 (C) Todos los derechos reservados.


"LOS PERFILES DE ESCOFFIE" PRESENTA: ANDY KAUFMAN (1949 - 1984)

“Morir es fácil, la comedia es dura", dice un conocido refrán ingles. Nada puede ser una fuente de tanta ansiedad como el incierto arte de hacer reír. De ahí que muchos de sus representantes más destacados hayan terminado consumidos trágicamente por las exigencias de su profesión. Sobre esta y muchas otras cosas reflexiono al dedicar este espacio a Andy Kaufman, estrella televisiva norteamericana cuya vida, de haber sido realmente sesgada por la guadaña de la huesuda como su acta de defunción y el testimonio de sus amigos mas cercanos nos permiten suponer, estuvo muy lejos de sufrir la clásica predisposición del payaso que ríe por fuera y llora por dentro.

Primero que nada, el buen Andy nunca se vio a si mismo como un comediante. De hecho, en más de una ocasión admitió ser incapaz de reconocer lo que era o no gracioso. Su único interés era poner a prueba la percepción y las reacciones de su público. Pionero vanguardista para unos, manipulador infantil para otros, Kaufman se convertía desde que entraba a escena en el equivalente a un chimpancé con pistola. Sus intervenciones en clubes nocturnos resultaban cada vez más impredecibles, al grado de que, si bien arrancaban carcajadas a pocos o a ningún espectador, daban muchísimo de que hablar. Podía empezar envuelto durante horas en un cobertor, luego fingir ser un inepto extranjero de nacionalidad indefinida diciendo chistes sin gracia ni sentido para luego pasar el resto de la velada leyendo frente al micrófono la novela entera de El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald.

Su debut en la pantalla chica no podía ser menos bizarro: un tributo en playback al tema musical de El Show del Súper Ratón como artista invitado a la primera transmisión de "Saturday Night Live" en 1975. Sin embargo, Kaufman encontró su verdadera plataforma al estrellato cuando la cadena ABC le pidió audicionar para una serie cómica llamada Taxi, cuyo reparto incluía a futuros talentos como Danny DeVito y Christopher Lloyd, a quien debemos recordar como el científico loco con peinado a la Einstein en la trilogía de Volver Al Futuro. Emocionado al principio y horrorizado más tarde, Andy fue obligado a transformar a su personaje de extranjero torpe en Latka Gravas, un chiflado mecánico que se ganó el cariño de los televidentes a la vez que lo hacía sentir miserable a nivel profesional.

Como respuesta al hecho de que los ejecutivos de la serie se negaran a transmitir un programa especial que le habían prometido con absoluta libertad creativa, los convenció de invitar a participar en un episodio a Tony Clifton, cantante al que Andy afirmaba haber conocido en Las Vegas, y que a los cinco minutos de poner un pie en el set se convirtió en la peor pesadilla del equipo de producción. Hibrido insoportable de Salvador Dalí y el Pato Donald, Clifton era rudo, prepotente, malhablado y tenía la escandalosa costumbre de traer prostitutas a los ensayos. No fue sino hasta que lograron sacarlo a patadas cuando se descubrió que Clifton y Andy eran en realidad la misma persona, cosa que ambos negarían por siempre. Entre otras bromas pesadas vale la pena mencionar sus apariciones en el programa de David Letterman, su espectáculo navideño en el Carnegie Hall y su flirteo con la lucha libre unisex, travesura que ocasionó que lo expulsaran de su grupo de meditación trascendental, practica que había seguido con gran devoción desde su adolescencia.
A principios de los años ochentas recibió la noticia de que tenía cáncer de pulmón; diagnostico ridículo si se considera que no fumaba. En su funeral, todos los presentes esperaban verlo salir en cualquier momento de su ataúd, convencidos de que se trataba de la última y más enfermiza de sus bufonadas. A pesar de que aquellos que nunca han oído hablar de él tendrán que remitirse a la película El Lunático (Man On The Moon, 1999, Dir. Milos Forman), en la cual es encarnado por Jim Carrey, su legado puede observarse en el estilo de comedia terrorista cosechado por interpretes modernos como Tom Green y Jaimie Kennedy. Para dejarlos con una probadita de lo que Kaufman era capaz de hacer, les presento a continuación las dos partes de una de sus apariciones mas recordadas en el programa "Late Night with David Letterman". Disfrútenlas.

lunes, 23 de febrero de 2009

PUEBLO QUE SIGUE RECHAZADO

El siguiente texto fue escrito originalmente por José Ramón Enríquez y publicado en el periodico Reforma en julio del 2008.

Conocí al maestro Retes justo durante el montaje de sus Hombres Del Cielo, la tragedia sobre la conquista “espiritual” de Chiapas, sobre Bartolomé de las Casas y el profundo enfrentamiento en la Iglesia católica (dialéctica que arranca de Constantino) entre los intereses de la jerarquía y el bienestar del pueblo de Dios, que es cuerpo vivo de Cristo. Retes era simple y sencillamente ateo. Yo estudiaba aún con los jesuitas y acababa de salir de la compañía con la idea de retornar. Hablé mucho con él y me impresionaron tanto la serenidad de su ateísmo como su convencimiento de que sin el análisis del enfrentamiento jerarquía vs. cuerpo de Cristo, no podría ni entenderse la historia ni avanzar en la lucha de las izquierdas. Aunque no era el primer rojo que conocía (el primero fue mi propio padre) sí fue quien llegó en un momento vocacional definitivo: teatro, fe e izquierda.

Mi ascenso profesional al escenario fue de la mano de Retes, con un Brecht que me significaba exactamente la misma tirada, Galileo Galilei. Y, según Vivir del teatro, precisamente por este montaje Vicente Leñero se decidió a llevar Pueblo Rechazado, su primera obra de teatro, al maestro Retes. No me extraña, pues, de ninguna manera que, a diferencia de otros literatos y directores, Retes se entusiasmara con la obra. Era el tratamiento documental del conflicto dialéctico entre el monasterio benedictino de Cuernavaca, encabezado por su prior Gegorio Lemercier, y el Santo Oficio de la jerarquía católica, tribunal presidido por el cardenal Ottaviani, que hoy nadie recuerda pero que fue el enemigo principal del papa bueno Juan XXIII (su Lex Luthor, para usar metáforas cercanas a los más jóvenes). Yo no estuve en el montaje pero igualmente me conmovió. Tocaba mis resortes más profundos. Y ahí escuché, en voz de Carlos Bracho, una de las frases inolvidables de don Sergio Méndez Arceo (obispo magno, para quienes no lo recuerden, de la estirpe de don Samuel): “el espíritu sopla donde quiere”. Tal era el tema de la obra: la jerarquía es parte de la Iglesia, no es la Iglesia; y los laicos son cuerpo de Cristo, no un rebaño descerebrado. Pero tanto el nivel político de la lucha como su tratamiento documental hacían de Pueblo Rechazado una obra pionera en el teatro mexicano. Eso lo entendió perfectamente Retes y lo cuidó hasta el último detalle. Por ello, tampoco me resulta extraño que un dramaturgo de la inteligencia y sensibilidad de Max Aub (obviamente no cristiano) haya saludado a Pueblo Rechazado como “el mayor acontecimiento del teatro mexicano desde el estreno de El Gesticulador en 1947”. El propio Usigli confirmó la afirmación de Aub.

Hoy en la Iglesia soplan vientos de retroceso. El papa Ratzinger, sucesor de Ottaviani, encabeza el desmontaje del legado de un papa bueno, Juan XXIII, y de un papa hamletiano, Paulo VI. Ello convierte esta obra de Leñero en una de las más actuales de sus obras y de todo el teatro documental. No sólo para quienes vivimos como cristianos el íntimo enfrentamiento, porque de una u otra forma la obra toca a todos, tal como creía Retes. La adaptación cinematográfica (que nada me gustó) la título El Monasterio De Los Buitres, cuando se trataba de un monasterio destruido por los buitres. Y los buitres siguen ahí aunque Emaús se haya diluido.

La enfermedad no estaba en el monasterio ni en sus equivalentes actuales. La enfermedad está en la Iglesia como está en la sociedad toda. La jerarquía eclesiástica es uno de los pilares fundacionales y, al propio tiempo, uno de los espejos más nítidos de una sociedad enferma. Y es desde los llamados “enfermos” como puede iniciarse la curación tan sólo por contraste. Tan paradójica y contradictoriamente como paradójico y contradictorio es el signo de la Cruz. Superado el rechazo del freudismo en la Iglesia y aun instrumentalizado por la jerarquía, 40 años después habrá que releer y montar Pueblo Rechazado en clave de Foucault, y los cristianos, a la luz de un Evangelio que siempre defendieron Lemercier y don Sergio, porque “el Espíritu sopla donde quiere”.