jueves, 14 de agosto de 2008

DESESPERADAMENTE BUSCANDO A DALÍ


(El siguiente articulo fue escrito en el 2004, con motivo del centenario del nacimiento del pintor catalán)

Si tu reencarnas en cosa
hazlo en lápiz o en pincel
Y Gala de piel sedosa
que lo haga en lienzo o en papel
si te reencarnas en carne
vuelve a reencarnarte en ti
que andamos justos de genios
queremos que estés aquí
"Eungenio" Salvador Dalí

- Mecano

Confieso que me siento un poco deprimido. La semana pasada, navegando por el disoluto firmamento de opciones en televisión por cable, llegué hasta MTV, otrora baluarte de la generación X, ahora perteneciente a la generación de los “Jackass” (de esta palabra en ingles me valgo para describir tanto a la naturaleza burda del programa más redituable del canal como a la audiencia que lo sigue). Dentro de la programación en turno, se anunciaba con bombo y platillo un nuevo día en la vida de Ozzy Osbourne. El príncipe de la pin%#@ oscuridad vomitaba una sarta de balbuceos inspirados por las pocas neuronas que décadas de drogadicción habían demostrado ser insuficientes para exterminar por completo. Fue entonces cuando emití en voz alta una pregunta triste y acertada: “¿Dónde está Salvador Dalí?”.

Así es; extraño a ese viejo charlatán surrealista nacido hace más de cien años en la región catalana de Figueres. El padre de los relojes blandos. El gran masturbador. El mismo al que Federico García Lorca le dedicó una de sus odas. El mismo que dejó una mano carcomida por hormigas como legado a la historia del cine. El mismo que afirmaba haber escupido al retrato de su madre por pura diversión. El mismo que se casó con Gala, la rusa con ojos de piedra.

Con todo el respeto que soy capaz de guardarle a los fans del señor Osbourne, Dalí debía de haber estado ocupando aquel espacio, bombardeándome con las impredecibles maravillas albergadas en su vida diaria. Probablemente, con el estilo peculiar que siempre lo caracterizó cuando de hablar sobre sí mismo se trataba, hubiera podido ser testigo del proceso detallado para adornar sus bigotes con estiércol de mosca. Lo habría pillado en plena acción creativa dentro de su casa en Port Lligat, colgado de cabeza para que la sangre bajase hasta su cerebro. Hubiera podido contemplar como el pintor entraba en un trance de exaltación cuasi-falica al tener contacto con un cuerno de rinoceronte. Habría acompañado a los Dalí en su peregrinar hacía París y Nueva York, dispuesto a vivir con ellos toda clase de aventuras disparatadas. Alimentando la imaginación de los reporteros norteamericanos, cenando con Harpo Marx o destrozando un escaparate en la quinta avenida, lo habría seguido hasta el fin del mundo.

El problema es que Dalí esta muerto. A pesar de haber expresado su deseo de permanecer congelado junto a Walt Disney, descansa bajo tierra mientras redacto estas líneas. A estas alturas, cualquier idiota puede dar pie a un escándalo para llamar la atención. ¿Quién no busca fama y fortuna automáticas? ¿Quién no quiere ser avida dollars? Con Dalí era diferente. Más que ser un presumido, presumía de ser un presumido. Independientemente de que se creyese o no en su papel de excéntrico genial, nada de lo que decía y hacía era para ser tomado demasiado en serio. Sin embargo, el placer de verlo dar al publico lo que creía que se esperaba de él no tenía ningún limite. Era como si supieses por intuición que te estaban dando gato por liebre, y al mismo tiempo, no pudieses evitar exclamar: “¡Que bonito se ve este gato!” El carisma que Dalí exudaba como animador compensaba la evidente bajeza de calidad en las pinturas comerciales de sus últimos años. Nunca habrá otro igual a él, sencillamente por haber sido el primero en hacer del egocentrismo un instrumento para la grandeza.

Aún no termino de asimilar la magnitud de la tragedia que le espera a este nuevo milenio. ¡Un mundo sin Dalí! Es cierto, se ha ido. Sin embargo, mi mente no lo acepta. Puedo verlo como invitado especial en un video de Marilyn Manson. Lo veo como anfitrión de Saturday Night Live. Entrevistado por López Doriga. ¿Dónde esta Dalí? Esta aquí, con los que lo conocen y lo aman.



miércoles, 13 de agosto de 2008

ENTREVISTA


CONFESIONES DIVINAS

Bien hubiera podido irme por el camino más fácil. Entrevistar a un político, un prodigioso atleta, o tal vez algún descarriado rock star. Pero no. En esta ocasión, mis instintos me impelían a dirigirme hacia alguien más bien etéreo, espiritual…divino, si se quiere definir con una sola palabra. Con esto en mente, elegí como sujeto de mi entrevista a la más enigmática, famosa e influyente de todas las celebridades. Creador del cielo y la tierra, amado y temido a nivel universal y autor de La Biblia, best seller editado millones de veces y traducido a prácticamente todos los idiomas. El único, el todo poderoso, el alfa y el omega: Dios.

Sabía que semejante hazaña periodística no sería nada fácil, por lo que recurrí a diversas estrategias para establecer un enlace con el señor de las alturas. Primero acudí a una médium, quien llegó a convencerme de que realmente estaba avanzando en mi búsqueda. Sin embargo, cuando insistió en que bebiera la sangre de su gato para entrar en contacto con el paraíso, me di cuenta de que era momento de buscar ayuda en otra parte. Llame varias veces al Vaticano, pero al parecer todo el personal estaba muy ocupado tratando de evitar que los homosexuales se casaran. Incluso recuperé un hábito que creí haber perdido desde los 13 años: rezar. Además de que eso tampoco me llevó a ningún lado, todo mundo se me quedaba mirando por estar hablando solo. Estaba punto de tirar la toalla en mi alocada empresa, cuando recibí en mi celular una llamada misteriosa a la que sólo fuí capaz de responder: ¡Oh, my god! (no sé por que lo dije en ingles, pero de alguna manera se oye más dramático que en español).

El lugar que sugirió para nuestro encuentro no pudo dejarme más sorprendido. ¿Cuántas veces es probable que te encuentres a Dios en un Italian Coffe? Superada la perplejidad, llegué a la sucursal del centro alrededor de las 10:30 a.m. Tomé una de las mesas más apartadas y esperé su llegada, la cual ocurrió tan sólo diez minutos después de la mía. Al principio pensé en levantar la mano para que supiera donde estaba, pero considerando quien era, descarté la idea. Nos sentamos y ordené un capuchino. Él pidió una limonada.

Creo que lo primero que cualquiera te preguntaría es ¿por qué hay tantos males en el mundo?
¿Y por que no? Imagínate como sería si absolutamente todos se llevarán bien, si nunca hubiera pleitos, asesinatos, drogas, enfermedades, accidentes de auto, hambruna, pobreza, huracanes y terrorismo. ¿Qué clase de películas podrían hacerse en un mundo así? ¡Puros churros! El mal está en el mundo para que ustedes tengan algo de que hablar; algo de que reírse. De esa forma, la vida es más interesante.

Tal vez demasiado interesante. Hay gente que sufre aunque no lo merece.
Si, pero eso tiene que ver con un equilibrio. Nada es unilateral. Hay contraste y dos lados en todo. Para ser feliz, uno tiene que saber primero lo que es la desdicha. Para elegir hacer el bien, tienes que conocer también el mal, y así podrás distinguir entre los dos. Por eso les di libre albedrío. ¿Quieres hacer un omelette? ¡Pues entonces ponte a romper los huevos! ¿Sabes qué? Ya me dio hambre. Creo que voy a pedir un croissant.

Pero por ese libre albedrío es que no sabemos muy bien cuando marcar un límite y todo se sale de control. Nos diste demasiada libertad.
Ah, pero eso ya es bronca de ustedes. Yo les di las piezas para armar una jirafa y si terminan haciendo un perro, lo más cómodo siempre es quejarse con el fabricante. Y como nunca les respondo, luego empiezan a decir que no soy justo, que no existo, que los he abandonado, que la religión es el opio de las naciones…no puedo entrar a mi correo electrónico de lo saturada que esta mi cuenta por sus quejas.

Eso nos lleva a otro punto:¿Por que nunca te manifiestas? ¿Por nunca nos hablas directamente? ¿Por qué necesitamos de sacerdotes para tener acceso a ti?
Pues ni modo que sólo trabaje de diez a doce, papa. ¡Soy Dios! Estoy ocupado todo el tiempo. ¿Sabes cual fue el último libro que tuve chance de leer? ¡La Biblia! Ahora, fíjate que de los sacerdotes no me fío mucho por que a la mera hora agarran mucha confianza y con la mano en la cintura se ponen a decir y a hacer cosas que luego tu dices: “¿Qué onda?”,

¿Cómo cuales?
Ay, pues ya sabes; la evangelización, las cruzadas, la inquisición. Ahora esta de moda eso de la yihad con los musulmanes, que si los judíos, que si los palestinos…todo el mundo cree saber quien soy. Hasta los políticos. Ese Bush se la pasa diciendo que somos cuates y la verdad es que ni lo conozco. Que yo sepa, jamás me ha invitado a la Casa Blanca ni para unas chelas.

Es que como nunca te apareces, cada quien asume sobre ti lo que mejor le convenga.

Eso esta muy bien, siempre y cuando sea por las razones adecuadas. Cada quien me ve como quiera verme y de alguna manera todas esas ideas llevan al mismo punto. A mi no me molesta que me pinten con turbante, o como gordito sonriente o con cara de elefante, por que mi esencia sigue siendo la misma. El problema es cuando distorsionan descaradamente todo lo que digo. Mi slogan decía claramente: “creced y multiplicaos”. ¿En que momento hablé de ayuno y abstinencia? ¿O a poco esperaban que les dijera "coman y cojan"?

Mencionaste hace un momento a la Biblia. ¿Qué opinas de las numerosas adaptaciones cinematográficas que han habido de ella?
Pues algunas han estado muy bien, mientras que otras me han dejado francamente confundido. Me acuerdo que cuando Chucho y yo salimos de la première de “Jesucristo Superestrella”, le dije: “Oye, no sabía que también cantabas y bailabas”.

¿Qué tan difícil es ser Dios? ¿Con que problemas te encuentras comúnmente en tu trabajo?
Una vez tuvimos una cuestión bien complicada con Karl Marx. En ese entonces yo me encontraba fuera del cielo por que tenía que hacer estallar un volcán en una isla del pacifico. Así que había dejado a cargo a San Pedro. Kart Marx llegó y como todos, hizo cola. Cuando Pedro le pregunta su nombre y él responde: “Karl Marx”, le dice: “hijóle, señor Marx. Creo que se confundió. ¿Podría ser tan amable de irse al infierno? Es esa escalera que lleva derechito hacía abajo; no hay pierde”. Entonces llega al infierno, y el diablo lo pone a trabajar en las calderas. Al rato se enfría todo, el diablo llama para pedir explicaciones, y le dicen que los operadores de las calderas están en huelga. El diablo se enfurece y manda a Marx a la cámara de torturas. Después de un rato se dejan de oír los gritos. El diablo se comienza a preguntar: “Bueno, ¿Qué esta pasando aquí?”. Vuelve a llamar y ahora resulta que la cámara de torturas también esta en huelga. Entonces ya harto de la situación, llama a San Pedro y le dice: -Oye, ¿sabes qué? Me cae que este no es de los nuestros; seguro que se le fue a tu gente”. Total que Marx siempre si termina en el cielo. A los pocos días, el diablo llama otra vez a Pedro y le dice: “¿Qué onda, gallo? ¿Todo bien con Marx? ¿No te ha dado lata?”

- No, ¿cómo crees? Aquí todos somos felices, como siempre.

– Ah, pues que bueno. Oye ¿Y que opina Dios de todo esto, ah?

–¿Cómo que Dios? ¡Si Dios no existe!

Hablando del diablo, ¿Qué nos puedes decir de él?
Pues no hay mucho que decir de él que no se sepa. Es un piromaniaco, solía trabajar conmigo, renunció y abrió su propia compañía. Como decorador de interiores es nefasto. No conoce otro color que no sea el rojo. Y en gustos musicales es peor. ¡Tiene toda la discografía de Ricardo Arjona!

¿Cuál es el significado del universo?
Sorry, compadre. No puedo decirlo.

¿Por qué no?
Por que todavía no están preparados para que lo sepan.

Vamos, te prometo que no le diré a nadie. Quedará sólo entre tú y yo.
Lo sabrás el día que mueras.

Anda, ¿que te cuesta decírselo a una sola persona?
Ah, esta bien, esta bien. Pero pon mucha atención porque no pienso repetirlo. El significado del universo es…

(ESTE FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA SE HA PERDIDO).

Órale. Entonces en eso consiste todo.
Exactamente. ¿Hay algo más que quieras saber?

¿Existen los extraterrestres?
Claro, siempre han existido.

¿Es verdad que ellos diseñaron las pirámides egipcias?
Las egipcias no. Pero si las de Chichén Itza y Las Vegas.

¿Y las señales circulares en los campos de Europa?
No, ese fui yo. Era una mala broma que se me salió de las manos.

¿Quién de estas tres personas fingieron su muerte: Elvis Presley, Jim Morrison o Adolf Hitler?
Ninguno de ellos existió. Eran hologramas.

¿Por qué Jesús esta sentado siempre a tu derecha?
Por que de esa forma el sol no me deslumbra cada vez que amanece.

¿Qué propondrías para solucionar el conflicto territorial entre Israel y Palestina?
¡Que se lo turnen! Que los israelíes lo tengan los lunes, miércoles y viernes y que a los palestinos les toque las martes, jueves y sábados. Esto último sería ventajoso para los judíos por que acuérdate que de todas formas no hacen nada los sábados. Y para ver quien se queda con él los domingos, pues una reta de piedra, papel o tijera.

¿Hay algún aspecto de la creación que hubieras querido cambiar?
El dedo meñique del pie. Hasta la fecha no recuerdo por que rayos lo puse ahí. También me habría gustado que el agua natural viniera en diferentes sabores.

En esos momentos, la reveladora conversación que hemos mantenido se ve interrumpida por el sonido interminable de una alarma despertadora cuyo origen ni él ni yo logramos rastrear en algún punto de la cafetería. Segundos después, despierto y apago el aparato lleno de confusión y mortificación. Son las 4:30 a.m. Debajo de la cama descansan las astronómicas cuentas telefónicas que me han llegado gracias a todas las llamadas de larga distancia que he intentado hacer sin éxito al Vaticano. El hecho de que mí entrevista con Dios no haya tenido momento ni lugar más que en mi propio subconsciente no me decepciona tanto como debería. Aunque hubiese sido verdad, lo más probable es que me hubiese dejado con más preguntas que respuestas. No obstante, una cosa si es muy segura: tengo que dejar de ver tanta tele.


lunes, 11 de agosto de 2008

Diccionario de la Leal Academia de la Lengua Yucateca


AHUECH: Sinónimo coloquial que se utiliza para denotar la necesidad imperiosa de algo.

Equivalentes: necesariamente, obligatoriamente, forzosamente, a fuerzas, a huevo.

Ejemplo: a huech que tengo que escribir este pinche glosario para quienes no son yucas.

sábado, 9 de agosto de 2008

¿Y DONDE ESTÁ EL CRITICO...?


No hace mucho solía escribir criticas de cine. Dicha actividad comenzó cuando apenas andaba en el tercer semestre de mi carrera y se prolongó hasta mi graduación, momento en el que decidí ponerle punto final y despedirme (al menos temporalmente) del oficio. "¿Por qué lo dejaste?", me imagino que preguntarán. Los motivos son variados y complejos. Intentaré ilustrarlos de manera satisfactoria.

Al principio lo tomé como una forma interesante de darme a conocer. Despues de todo, el periodico que me ofreció esta oportunidad ha mantenido desde hace varios años su reputación como uno de los más leidos en todo el sureste. Considerando que el comunicologo es básicamente un profesionista hecho a base de contactos, parecía una estrategia muy conveniente. Además, iba a ganar un dinerito en el proceso. Y cuando digo "dinerito" no es a la ligera, sino asquerosamente en serio. No entraré en detalles sobre la cantidad, pero les aseguro que era tan baja como la credibilidad de Vicente Fox. Y para acabarla de amolar, el costo del boleto siempre salió de mi bolsillo.

No obstante, la gota que derramó el vaso no fue tanto de indole economico como de actitud. El hecho de que la critica a veces salía con una semana de retraso o con embarazosos errores tipograficos o de plano no salía, a pesar de que yo siempre me comprometía a entregar el texto antes del cierre de edición y tenia la costumbre de leerlo y releerlo por lo menos seis veces antes de mandarselos, junto con que pasado un año de estar colaborando siempre tenían una excusa para no darme un aumento de sueldo que por lo menos me permitiese cubirir mis perdidas semanales, me hizo cuestionar cada vez más el grado de respeto y aprecio que la empresa pudiese tener hacia mi trabajo. Parecía que les daba exactamente lo mismo si entregaba la critica o no. Era como si yo los necesitara a ellos mucho más de lo que ellos me necesitaban a mí. El momento de la verdad llegó cuando por fín los confronté disimulada y discretamente al respecto. Y recuerdo que su respuesta fue algo mas o menos como "No, ¿como crees? Al contrario, estamos muy contentos con lo que haces. Es más, estamos en platicas para invitar a otras personas para que tambien comenten peliculas en el mismo espacio". Cosa que al menos yo interpreté como su muy diplomatica manera de decir "¿sabes que, cabron? No te sientas indispensable". En ese momento comprendí lo que ha de sentir una adolescente que se acuesta con un hombre casado creyendo que dejará a su esposa e hijos por ella.

Otra frustración que paulatinamente le fue restando encanto al asunto tuvo que ver con mis lectores. Desde el principio me comprometí a no convertirme en uno de esos criticos pomposos y pontificadores que vomitan su opinion como si estuvieran dando el evangelio desde un pulpito. Más que indicarle al público lo que debía y no debía ir a ver, quise que mis criticas lo animasen a ver la pelicula y formar su propia opinion al respecto. En pocas palabras, quise darme conocer como alquien que da pequeñas sugerencias y no un verdadero lider de opinión. Al poco tiempo me di cuenta de lo ingenuo que había sido, por que ocurría exactamente lo contrario. De cada cinco personas que me reconocían (muchas de ellas familiares y amigos) casi siempre había al menos dos de ellas que esperaban ansiosamente oir de mi boca los estrenos que valía la pena ir a ver en el fin de semana. Sin querer aparentar falsa modestia, esta mini-celebridad acabó abrumandome. Finalmente, tengo mis propias reservas respecto al trabajo acumulado. Las criticas que escribí durante este periodo me parecen muy bien como primeros intentos o incursiones. Pero si vuelvo a dedicarme a ello, será cuando haya alcanzado un poco más de experiencia, tesón y madurez tanto teorica como intelectual. En restrospectiva, creo que todo el tiempo fui más bien un aprendiz de critico.

Por otro lado, la experiencia no fue mala del todo. Me abrió puertas a las que de otra forma no sé si hubiera llegado a tener acceso. Me dió por primera vez la satisfacción de estar (mal) ganando mi propio dinero. Me ayudó a ejercitarme para ver peliculas desde un nivel totalmente alejado del de el espectador comun. Pero sobre todo, me hizo descubrir que los criticos de cine son como los decoradores de interiores o los organizadores de bodas; el mundo no se acabará si algún dia desaparecen, pero por alguna razón la gente se siente más segura sabiendo que existen.



miércoles, 6 de agosto de 2008

¿QUE VER?

Esto seguramente ya lo leyerón, puesto que se lo mande a muchos de mis contactos. Lo escribí en la madrugada del pasado 18 de julio, justo despues de haber asistido al pre-estreno. Disculpen si parece que estoy hiperventilando o que me va a dar un infarto inducido por orgasmo, pero en ese momento me convertí en una victima total de la euforia. Definitivamente, la critica menos objetiva que he escrito en toda mi carrera profesional (ay, si; como si hubiera sido muy larga hasta ahora). Echenle un vistazo y juzguenla sin piedad.

VIENDO EL MUNDO ARDER Y AMANDOLO CADA SEGUNDO

Some people just want to watch the world burn
- Alfred Pennyworth (Michael Caine)

¿Cómo demonios escribes sobre algo que te ha dejado sin palabras? Esa es la pregunta que me asalta después de haber visto El Caballero de la Noche. Cinco minutos después de que los créditos finales empezaron a correr, permanecí en mi butaca completamente petrificado. Quería hablar, gritar, aullar, vociferar y graznar, sin poder creer lo que mis ojos habían visto. Sin embargo, lo único que pude hacer en aquel momento fue mantenerme mudo, permitiendo que mi silencio fuese directamente proporcional a mi euforia. Ahora, por más fútiles que resultan las palabras para describirlo satisfactoriamente, siento la necesidad de hacerle saber al mundo lo que acabo de presenciar.

Al momento de redactar estas líneas, las vicisitudes de Batman han sido llevadas a la pantalla grande en innumerables ocasiones. El personaje creado por Bob Kane en 1939 ha experimentado múltiples metamorfosis en su traslado al celuloide; desde un serial en blanco y negro y la adaptación cinematográfica de la serie de TV sesentera, pasando por la visión gótica de Tim Burton y los batí pezones de Joel Shcumacher, hasta llegar a la exitosa re invención en cuerpo y alma que Christopher Nolan (Memento, Insomnia, The Prestige) nos regaló en el verano del 2005. Sin embargo, lo que hace diferente a El Caballero de la Noche es que además de ser un brillante retrato del hombre murciélago, se trata de una gran película por derecho propio. ¿A qué me refiero con esto? Desde mi perspectiva, una cosa es esforzarse por traducir adecuadamente en imágenes la mitología de Batman (su razón de ser, la psicología detrás de los personajes) y otra muy diferente es lograr plasmarlo en una historia que reúna meritos a nivel de la ejecución técnica (guión, fotografía, edición, sonido, diseño de arte), al mismo tiempo que se las arregle para brindarle al espectador el valor de lo que pagó por su boleto. Mientras que las entregas anteriores se preocupaban particularmente por satisfacer uno o dos de estos requisitos, El Caballero de la Noche cumple con todos ellos y los transporta a un nivel más allá de lo que nuestras expectativas son capaces de concebir.

Amigos, estamos hablando de un testamento a la cantidad y a la calidad no sólo en la manera de adaptar un personaje de historietas, sino en la labor cinematográfica en si misma. Desde la primera secuencia, se convierte en una bola de nieve creciendo abrumadoramente a cada minuto. Es el equivalente a estar atrapado en una montaña rusa cuyos frenos parecen haber sido deliberadamente destruidos para que el pasajero no tenga oportunidad de retomar el aliento. Giro tras giro, emoción tras emoción, Nolan incrementa las apuestas y termina arrastrándonos hasta un explosivo desenlace que nos deja hambrientos por más. Esto seguramente fue lo que nuestros padres debieron haber sentido cuando descubrieron al final de “El Imperio Contraataca” que Darth Vader era el padre de Luke Skywalker.

Como cabria esperarse, gran parte de este constante flujo de adrenalina reside en el estira y afoja entre Batman y su eterno némesis, el Guasón, encarnado por el tristemente fallecido Heath Ledger. Si les es posible, olviden por completo lo que Jack Nicholson hizo en la cinta de 1989. Por que a diferencia de su antecesor, Ledger no permite que su persona fuera de la pantalla permanezca latente bajo la prótesis y el maquillaje. Muy por el contrario, parece haberse fusionado indistintamente con la caracterización, causando que uno se pregunte por momentos si no es el Guasón quien realmente lo está interpretando a él y no al revés. Además, los enfoques elegidos por ambos actores no podrían ser más diferentes. Si Nicholson era el mafioso convertido en homicida con aires de comediante, Ledger es más bien la maldad sin limites personificada en una especie de adolescente sicótico e hiperactivo al que le acaban de regalar una metralleta. Un autentico hijo de su tal por cual sin el más mínimo respeto por la vida humana, ni siquiera la suya. Jack, no te ofendas, pero el joven Heath se ha llevado la última risa.

Otra de las columnas que sostienen esta hermosa construcción es Harvey Dent, el nuevo fiscal del distrito que para muchos ciudadanos representa la esperanza de una nueva era libre del crimen y la corrupción. Aaron Eckhart, mejor conocido por su sobresaliente trabajo en la comedia negra Gracias Por Fumar, demuestra ser la alternativa ideal para dar a conocer el idealismo y la amargura que lo conducen hasta su transformación en el siniestro Dos Caras. Quizás este sea el personaje con el arco dramático más cautivador de todos los que habitan en el filme.

Y por supuesto, imposible olvidar mencionar al caballero de la noche propiamente dicho. Habiendo establecido ya las bases de su origen, Nolan y Christian Bale optan sabiamente por explorar lo que ocurre cuando el encapotado va descubriendo que su presencia podría ser más nociva que benéfica para la seguridad de Ciudad Gótica. Involuntariamente se convierte en un imán para la catástrofe que busca repeler. Este punto es deliciosamente ilustrado cuando el Guasón, desempeñando el papel de inseparable ying para su yang le espeta: “No quiero matarte… ¿Qué haría yo sin ti?”. El vínculo que comparte con los monstruos a los que combate le aporta tintes trágicos mucho más acentuados que en la cinta anterior. Finalmente, es obligatorio darle una mención muy especial a Gary Oldman bajo la piel del recién nombrado Comisionado de Policía, James Gordon. A la par con el aumento de su importancia dentro de la trama, Oldman consolida la entereza que marcó su caracterización en Batman Inicia para convertir a su Gordon en el corazón moral y filosófico de la historia, a través del cual obtiene su mayor credibilidad.

Adjetivos como “brillante” y “obra maestra” suelen ser utilizados con mucha ligereza o exageración hoy en día. Habrá quienes opinen que esta crítica incurre en el mismo pecado. Pero créanme cuando les digo que El Caballero De La Noche no es sólo una película más; es una experiencia. Y en el mismo tono, esto no es una crítica. Es una declaración visceral. Es un testimonio de mi fe renovada tanto en el hombre murciélago como en el poder del séptimo arte. Batman vive en Christopher Nolan. ¡ALELUYAH!

¿QUE LEER?


EN EL SET, EN LA CIA Y EN EL CONFESIONARIO

“Se común y ordenado en la vida para ser violento y original en el trabajo”. Esta máxima expresada en su momento por Gustav Flaubert le quedaría como guante a Chuck Barris. En 1982, tras un autoexilio de la farándula y la sociedad estadounidenses, el hombre detrás de afamados programas televisivos de concursos como The Dating Game mostró nuevas señales de vida gracias a la publicación de Confesiones de Una Mente Peligrosa: Una Autobiografía No Autorizada. En dichas memorias, afirmaba haber trabajado como agente encubierto para la CIA en varios asesinatos políticos llevados a cabo en México, Berlín y la Unión Soviética. Al parecer, la estrategia consistía en lo siguiente: cuando viajaba como chaperón para los ganadores de The Dating Game a alguna región exótica del globo, Barris dejaba sola a la feliz pareja para cumplir con un encargo que la agencia le tenía previamente asignado. De tal forma, regresando a sus abigarradas oficinas de producción en Los Ángeles, se podía dar el lujo de presumir secretamente el servicio invaluable que le acababa de brindar al capitalismo en el punto más álgido de la guerra fría, así como de un estilo de vida james bondiano que iba del callejón oscuro donde despachaba a espías de la KGB a la cama de la Mata Hari en turno.

Pese a que el libro no se vendió como pan caliente al momento de su publicación, miles de aficionados lo leen hoy en día tan sólo para imaginarse cuanto de veracidad y de fantasía egocéntrica habrá en semejantes confidencias. Puede que esta mitología que el propio Barris ha contribuido a crear (en entrevistas jamás hace el mínimo esfuerzo por confirmar o desmentir lo que escribió) se reduzca a una mera cuestión de autoestima. Después de todo, es bien sabido su anhelo a ser recordado por algo más aparte de haber creado programación pueril que, en palabras de muchos críticos, “degradaba los estándares de calidad en la televisión”. Nada quita que ese “algo más” haya sido precisamente matar gente. ¿Para que molestarse en compartir su dizque historial de asesino con el mundo, si no era por que de todas formas ya lo habían crucificado por asesinar la inteligencia de los televidentes? Y eso que a estas alturas, lo menos sorprendente es el hecho de que sus hazañas hayan sido verídicas o no. El libro constituye, si no una obra maestra, al menos una autentica pieza de entretenimiento. Dentro de lo que parecería una colaboración inédita entre James Joyce y Elmore Leonard, Barris se manifiesta como el poseedor de una voz ágil y concisa para hacer de sus supuestas aventuras de espionaje en Europa una colección de viñetas altamente cargadas de tensión que los lectores más susceptibles a la mejor literatura noir no querrán dejar ni para ir al baño. Tan sólo el bautizo de fuego que para él significo su primera misión en la capital de nuestra república obliga a imaginar a Barris contándolo de su propia boca mientras sostiene un martini en la barra de alguna fiesta de cóctel a la media noche:

Aunque había sido un largo fin de semana, sentí haber estado en la ciudad de México hacía tan sólo unas cuantas horas. Había estado petrificado la mayor parte del tiempo, pero lo habría hecho otra vez con gusto. Era divertido. Era más que divertido; era vivir. En México, la vida se había levantado hasta la superficie de mi piel. Cada una de mis emociones se había magnificado a más de una pulgada. La muerte pudo haberme impresionado mucho, mas nunca dudé sobre el por qué estaba ahí. Puede que haya estado asustado, pero nunca aburrido. No me convertí en un héroe, pero al menos pude mostrar cierta cantidad de coraje. Y eso me gustó.
(Capitulo 7, Págs. 77-78)

Por otro lado, su sentido del humor se hace también evidente a partir de las primeras páginas. Malicioso y subversivo, pero humor a final de cuentas. En aras de amenizar esta liberalidad tanto en la vena humorística como en la contextualización del panorama general en la pantalla chica a mediados de los años sesentas, se da a la tarea de transcribir algunos de los sórdidos intercambios verbales entre los concursantes de The Dating Game:

HERMOSA MODELO DE ALTA COSTURA: Soltero Num. 3, recita un poema para mí.

SOLTERO NUM. 3: Dólar por dólar y libra por libra, te daré placer con mi gran salchicha. (Capitulo 5, Pág. 57)

Solo un cuenta-anécdotas con su actitud a medio camino entre lo bromista y lo maníaco depresivo podría evocar momentos tan embarazosos sin perder el interés del lector en el proceso. Y ya que hablamos de manía depresiva, justo es decir que uno de los puntos más débiles quizás radique en la sobre-disposición a exponer sus defectos humanos con la misma desfachatez para sus actividades no oficiales. En un pasaje se pone a hablar sin reparos de su traumática búsqueda por la aprobación del sexo opuesto, obsesión que tuvo su origen cuando convenció a una amiga de su hermana para que le practicara sexo oral con el argumento de que su pene tenía sabor a frambuesa. Empeñado en poner sus trapitos sucios al sol, afirma en páginas posteriores haber gastado más de 20000 dólares en abortos y de haber propiciado mediante sus infidelidades un intento de suicidio por parte de Penny Pacino, su única pareja constante a lo largo de tres decadas.
Barris no es ninguna monedita de oro. Si decidimos darle algo de crédito a lo estipulado en su relato, sería la última persona merecedora de lástima o empatía, distinción desfavorablemente remarcada por su empleo arbitrario de lenguaje altisonante. Y él es el primero en admitirlo. El problema parece ser que está más consciente de ello que sus lectores. En algunos puntos parece desesperado por convencernos de que las vidas que cobró a nombre de la Agencia Central de Inteligencia no se comparan en magnitud moral con las cosas de las que era capaz en su vida privada. De cualquier manera, las consideraciones anteriores no demeritan el carácter esquizofrénicamente fascinante con el que Barris consigue hilvanar una convivencia exitosa entre dos atmósferas narrativas contrastantes; la solemnidad fría del servicio secreto versus la naturaleza lúdica del mundo del espectáculo. Su inesperado don para la prosa de seudo ficción no puede pasar desapercibido. Aún cuando sea muy probable que nos este dando gato por liebre.

¿QUE OIR?


CUANDO EL ROCK ES UN EPITAFIO

No necesariamente todos los discos de rock son para oírse mientras se maneja en carretera, se lava el auto o se trota en las mañanas con audífonos. Hay algunos que exigen una dedicación muy particular por parte del oyente para transportarlo a una época y lugar concretos, así como para fabricarle estados mentales y emocionales muy determinados. Para ejemplos, ahí esta Songs For Drella. Grabado entre 1989 y 1990 por Lou Reed y John Cale con motivo de la muerte de Andy Warhol, se distingue por su carácter introspectivo y sincero que logra manifestar varios aspectos personales tanto del personaje representado como de los creadores de dicha representación. A través de quince tracks, repasa los momentos más significativos en la vida de Warhol, desde su infancia en Pittsburgh hasta el disparo en el pecho que recibiera a manos de Valerie Solanas. Warhol se convirtió no sólo en el tema de este álbum conceptual sino también la razón por la que ambos músicos volvieron a estar juntos después de haber pasado más de veinte años sin dirigirse la palabra. Dejando a un lado sus diferencias irreconciliables, realizan un último adiós a su colega y mentor.

Debo hacer el debido hincapié en que este no es el típico álbum de Lou Reed. Muy lejos se encuentra la riqueza en instrumentación que caracterizaba a los primeros discos de la Velvet Underground o las rolas pegajosas que hasta el oyente más casual podía encontrar en Trasformer. Si la música en Songs For Drella destaca por algo es por su minimalismo. El dúo conformado (o mejor dicho, conforme) por Reed y Cale para este proyecto no pasa de recurrir a una guitarra eléctrica, un teclado y una viola. En el mismo espíritu de “menos es más”, las notas y acordes resultan bastante elementales, en algunos casos hasta repetitivos. En “Images”, por ejemplo, el mismo riff distorsionado de guitarra se reproduce indefinidamente en un tono obsesivo, pasando a ser algo así como un equivalente musical al sistema de repetición mecánica de imágenes que Warhol acostumbraba implementar en muchos de sus cuadros. “Smalltown”, el corte que da inicio al álbum, se vale de unas dos o notas de piano que varían muy poco para dar fe de la ambición insatisfecha de un joven provinciano en miras de triunfar en la Gran Manzana: If art is the tip of the iceberg, i´m the part sinking bellow, canta Lou Reed personificando al micrófono los pensamientos de fama que de seguro ya rondaban por la cabeza de Warhol desde muy joven.

En realidad, las verdaderas estrellas del disco no son las canciones sino las letras y conceptos inscritos en las mismas. Los músicos aprovechan para hacer un inventario de todo lo que vivieron durante sus años como integrantes de la fabrica Warholiana; los buenos momentos, lo que quisieran olvidar, el lado egocéntrico y negligente de Andy, su lado generoso…Reed, con su inigualable don para la poesía que cura y destruye a partes iguales, asume este trabajo como una especie de confesionario creativo para sacarse de su ronco pecho todo lo que no pudo decirle a su amigo muerto. You hit me where it hurt, i didn´t laugh / You diaries are not a worthy epithaph, afirma entre furioso y melancólico en “Hello I´ts Me”, canción con la que el disco cierra. Sin duda alguna, la pieza que refleja la mayor amargura es “A Dream”, monologo interpretado por Cale con acompañamiento de su teclado en el que se introduce en la mente del rey del arte pop durante sus últimos días, y de adentro hacía afuera, expone sin tapujos hasta que grado se había enfriado la relación de Warhol con sus protegidos y el resto del mundo.

Songs For Drella rebosa de amor, fascinación, belleza, rabia contenida y luto. Sus meritos musicales, mínimos por cantidad y no por calidad, no son nada en comparación con su enorme valor sentimental y humano.