domingo, 30 de noviembre de 2008

¿MR. QUIÉN...?

MR. BROOKS (2007)
Dirigida por Bruce A. Evans.
Escrita por Bruce A. Evans y Raynold Gideon.
Producida por Kevin Costner, Raynold Gideon y Jim Wilson.
Protagonistas: Kevin Costner, William Hurt, Demi Moore, Dane Cook
y Danielle Panabaker.

De manera muy similar al personaje principal de cuyo nombre toma su titulo, Mr. Brooks es una película que sufre de un desdoblamiento de personalidad. Por desgracia, esta característica funciona más como un gran bache que como un reflejo fiel de su argumento. Kevin Costner interpreta a Earl Brooks, el acaudalado dueño de una fábrica de cajas que ha ganado el respeto de la comunidad gracias a sus donaciones caritativas. A primera vista, Earl tiene todo lo que podría desear; un trabajo exitoso, una casa grande, una maravillosa familia…y una inexplicable predisposición a asesinar gente. Este lado oculto de su naturaleza es manifestado a través de Marshall (William Hurt), un siniestro hombre al que sólo Earl puede ver y que lo tienta a la menor provocación. Hasta el momento en que la historia arranca, Earl ha pasado dos años manteniendo bajo control su sed de sangre. Cuando Marshall logra convencerlo de volver a caer, comete un gravísimo error: deja las ventanas abiertas en la escena del crimen. Esto lleva a que un fisgón llamado Smith (Dane Cook) obtenga evidencia fotográfica del secreto de Brooks, misma que está dispuesto a no difundir siempre y cuando Earl permita que lo acompañe en su próxima matanza para instruirlo en los placeres de exterminar vidas inocentes. Mientras todo esto ocurre, la Detective Tracy Atwood (Demi Moore) reparte su tiempo entre seguirle la pista a Earl, lidiar legalmente con un divorcio muy amargo y quitarse de encima a un delincuente que la odia a muerte por haberlo llevado a prisión. Y por si todo esto fuera poco, la hija adolescente de Earl (Danielle Panabaker) parece tener más en común con su padre de lo que parece.

Cómo pueden ver, hubiéramos podido tener aquí una variación interesante del cuento de Jekyll y Hyde, de no ser por tantas subtramas que distraen y entorpecen su ritmo. No se que opinen ustedes, pero a mí lo que menos me interesa es el cinismo del ex – esposo de Atwood al exigirle insultantes cantidades de dinero como parte de los acuerdos de la separación. A pesar de que Brooks es claramente el eje de la narración, este es el único personaje que no acapara una buena parte del tiempo en pantalla con sus tribulaciones. ¿Qué hay de los mecanismos psicológicos que lo movilizan a matar? Nada de esto se explora ni se menciona cabalmente, así como tampoco la manera en que esta tendencia repercute dentro del resto de su vida diaria. Los realizadores de esta cinta esperan que de manera instantánea asimilemos su enfermedad, sin brindarnos la menor referencia para poder establecer alguna conexión verdadera con él. Ni siquiera Marshall, su desalmado alter ego, cumple con la promesa de llegar a ser lo suficientemente amenazador. Dignos de mención son los esfuerzos de Costner por darle nuevos aires a una carrera que desde hace casi una década no había vuelto a dar señales de vida. Quizás él sea la última persona a la que nos podríamos imaginar en el papel de un asesino en serie. Y entre los muy escasos aciertos de la película, este sería el mejor.

¿Y DONDE QUEDÓ EL BUFALO?

EL BUFALO DE LA NOCHE (2007)
Dirigida por Jorge Hernández Aldana.
Escrita por Guillermo Arriaga y Jorge Hernández Aldana, adaptada de la novela de Guillermo Arriaga.
Producida por Guillermo Arriaga, Diego Luna y Jimena Rodríguez.
Protagonistas: Diego Luna, Liz Gallardo, Gabriel Gonzáles, Camila Sodi,
Irene Azuela y Emilio Echeverría.

Quizás es por no haber leído antes el libro. Podría deberse a la presencia nada discreta de Diego Luna a lo largo y ancho de este proyecto, misma que a lo mejor pretendía reducirlo a una mera excusa para quedarse con la mayoría de los primeros planos. O tal vez debamos atribuírselo al intento fallido del director venezolano Jorge Hernández Aldana por hacer de esta adaptación una digna opera prima. Lo cierto es que, en lo que a mi respecta, hay algo dentro de “El Búfalo de La Noche” que hace que simplemente no funcione.

La historia arranca con la visita de Manuel (Diego Luna) a su amigo Gregorio (Gabriel Gonzáles), quien acaba de volver a casa de sus padres luego de haber pasado una larga temporada internado en un psiquiátrico por esquizofrenia. A pesar de que Gregorio afirma estar ya curado, hay una tensión muy latente en su conversación con Manuel, sensación bien lograda que merece mencionarse como uno de los pocos aciertos en esta producción. La aportación musical de Mars Volta también constituye un buen elemento. Descubrimos después que la incomodidad entre ambos se remonta a sus años en la preparatoria, cuando Manuel inició un tórrido romance con Tania (Liz Gallardo), la novia de Gregorio. Poco después, Gregorio se suicida, dejando una cajita misteriosa llena de fotos y pedazos de papel con diferentes frases enigmáticas que se supone servirán como pistas para desenterrar un secreto que se llevó a la tumba.

A partir de aquí la película entera comienza a degenerar en un insufrible catalogo de prolongadas e injustificadas escenas de sexo, aderezadas con una constante cámara en mano a la que no puedo encontrarle otro adjetivo que no sea el de pretenciosa. Y con esto de ninguna manera quiero darme aires de puritano; bienvenido sea el erotismo cuando contribuye a la evolución dramática o revela algún hecho fundamental en el carácter de los personajes. En este caso, Arriaga y Hernández Aldana dan la impresión de escudarse en la desnudez explicita cada cinco minutos, lo cual equivale a la frecuencia aproximada de veces en las que se tropiezan con los baches de su propia narración. Como ya dí a entender en líneas anteriores, las huellas de Diego Luna se sienten (o mejor dicho, se resienten) a cada momento del filme. Mi pregunta sería: ¿para qué? Si bien se esfuerza por dotar de cierta verosimilitud a Manuel, este nunca pasa de ser un muchacho torpe y aburrido que cuando no está recordando los viejos tiempos con Gregorio en flashbacks que podrían haber sido introducidos con un calzador, se la pasa quitándole la ropa a cuanta fémina se le ponga enfrente. ¿A quien le importa? Lo curioso es que el personaje verdaderamente interesante es también quien brilla por su ausencia en la mayor parte del tiempo real de la trama. Si Arriaga hubiera elegido más bien enfocar sus energías en el descenso de Gregorio a la locura, ¿habría habido alguna gran diferencia? Por desgracia, ahora nunca lo sabremos. Sólo nos queda esperar la llegada del guión y director apropiados que permitan explotar a la máxima potencia su capacidad de narrador. O como a él mismo le gusta autodenominarse, de “escritor de cine”.

UNA LINDA FAMILIA DISFUNCIONAL



HISTORIAS DE FAMILIA (THE SQUID AND THE WHALE, 2005)

Escrita y dirigida por Noah Baumbach.
Producida por Wes Anderson, Charlie Corwin, Clara Markowicz y Peter Newman.
Protagonistas: Jeff Daniels, Laura Linney, Jesse Eisenberg, Owen Kline, Anna Paquin y William Baldwin.

Brooklyn, 1986. Bernard Berkman (Jeff Daniels) es un novelista en plena decadencia que se separa de su esposa Joan (Laura Linney) a raíz de la determinación de ella por probar suerte como escritora. La custodia compartida entre ambos se convierte en el catalizador para que sus hijos inicien una dolorosa transición que acabará por tragar a la familia entera, obligándola a redefinirse a si misma.

Les tengo tres noticias: una buena, una mala y una reconfortante. La buena es que Historias de Familia es una excelente película que no tienen por que perderse. La mala es que existe una gran posibilidad de que esta sea su última semana en la cartelera de nuestra ciudad. La reconfortante es que desde hace poco más de un mes ya se encuentra disponible en DVD en varias tiendas departamentales y algunos video-clubs. Nos encontramos frente a otras de esas joyas cuyas características que no encajan en el molde del cine convencional han propiciado que su fecha de estreno original fuese postergada para relegarla de manera injusta a una sola sala con exhibición limitada. De ahí que su estreno comercial y su lanzamiento en formato casero hayan sido prácticamente simultáneos.

En la fascinante crónica de la desintegración de una familia, el realizador Noah Baumbach personaliza el humor seco, corrosivo y profundo que desarrolló en colaboración con Wes Anderson para el guion de La Vida Acuática con Steve Zissou (The Life Aquatic with Steve Zissou, 2004). Baumbach conjura a los demonios intelectuales de su propia infancia a través de una cámara en mano que, a la manera de un sórdido video casero, nos revela sin pudor los esqueletos encerrados en el closet del núcleo familiar. Los personajes por si mismos son una delicia en su construcción. La separación de los padres marca la pauta para otra de carácter simbólico entre los dos hijos. Mientras que el mayor permanece fiel a su padre y saca de su influencia la soberbia suficiente como para engañar a su novia y plagiar una canción de Pink Floyd en un concurso de su escuela, el menor procura estar a lado de la madre sin saber como lidiar con una pubertad en ebullición que lo amenaza a nivel psicológico y emocional. La gran virtud de Baumbach como narrador es que no juzga ni condena a ninguna de sus criaturas. A todas les brinda sus debidas dosis de malicia y ternura, sabiendo equilibrar ambos polos con un sentido del ritmo casi perfecto. Ni que decir de las magistrales actuaciones encabezadas por Daniels y Linney, mismas que ilustran de manera eficaz la actitud de unos individuos que, si existiera un instructivo para crear a la familia ideal, quizás nunca se les ocurriría leerlo.

Les sugiero que hagan un esfuerzo por ir a ver Historias de Familia en el poco tiempo que le queda. Puede que entonces tengan una idea de la tragedia que significa el que los distribuidores mexicanos le tengan tanto miedo al buen cine, al grado de querer tratarlo como si fuera material radiactivo.

CRÓNICAS DEL MURCIELAGO (PARTE II)

Lo último que Tim Burton quería hacer era otra película de Batman. Pese al éxito astronómico de la primera, no guardaba recuerdos muy agradables al respecto. Para empezar, la filmación había tenido lugar en los estudios Pinewood de Londres, Inglaterra. A Burton, californiano de hueso colorado, no le fue nada fácil adaptarse al clima inglés. Los productores Jon Peters y Peter Guber estaban sobre sus hombros día y noche, como si no confiaran en las habilidades del director que ellos mismos habían contratado. La inclusión de las canciones de Prince en el soundtrack no fueron idea suya, sino una imposición de ellos que tuvo que aguantar. Y para colmo de males, el final tuvo que ser re-escrito. Originalmente se suponía que el Joker terminaba asesinando a Vicki Vale, volviendo a Batman loco de ira. Pero resulta que Peters había ido a ver el día anterior el musical de El Fantasma de la Opera y se le ocurrió que sería mejor terminar con un enfrentamiento en un campanario. De modo que se tuvo que construir de último minuto el set de una catedral, cuando de por si el presupuesto ya se había sobrepasado de 18 a 40 millones de dólares. Lo peor de todo fue que Burton no tenía la menor idea de cómo filmar estas nuevas escenas. Con todo esto, parece comprensible que no le emocionase en absoluto la idea de volver a Ciudad Gótica.

Sin embargo, Warner Bros. estaba desesperada por tenerlo para una segunda parte. Es por eso que la batí señal volvió a brillar cuando le ofrecieron en esta ocasión absoluto control artístico. Esto significaba que ahora no habría ningún tipo de intervenciones. No tendría que complacer a los productores ni a los seguidores del comic ni a nadie. Esta sería su visión sin compromisos. Un Batman a su manera. Pero lo más importante es que Burton no iba darles sólo una aventura más del encapotado en el celuloide. No. Burton estaba a punto de entregarles algo que jamás habrían podido anticipar.

Si ustedes son de las pocas e improbables personas en el mundo que no han visto aún Batman Regresa (Batman Returns, 1992) y sus ojos acaban de saltar con esta imagen, créanme que no los culpo. Es la misma reacción que un servidor tuvo cuando a los diez años entró por primera vez en contacto con ella. Estamos hablando de una película que me afecto muchísimo en distintos niveles.

Pero antes de tocar ese punto, ocupémonos primero del producto en sí. Batman Regresa no es una secuela en el sentido convencional del término. Es decir, lo es en tanto que hay un Batman, que Michael Keaton vuelve para encarnarlo y que mantiene cierta continuidad con la primera en algunos puntos (¿Recuerdan aquella escena en la que Alfred dejaba entrar a Vicki Vale como si nada a la batí cueva? !Pues ahora Bruce Wayne se lo echa en cara al mayordomo! Para los fans que en su momento lo consideraron un insulto a su inteligencia, constituye una compensación muy ocurrente y divertida). No obstante, esta no es la Ciudad Gótica que vimos anteriormente. Si aquella era una alusión clara a Metrópolis (1927) de Fritz Lang, esta sin lugar a dudas es El Gabinete del Dr. Caligari (1920) de Robert Wiene, con líneas estilizadas y perspectivas distorsionadas hasta el punto del delirio. De hecho, la película entera es un tributo a Caligari y al cine expresionista alemán. El maquillaje aplicado a Danny DeVito delata una influencia inequívoca de la caracterización de Werner Krauss en el filme de Wiene. Y no olvidemos que el nombre del personaje interpretado por Christopher Walken es Max Shrek, mismo que perteneció también al actor mejor recordado por encarnar al Conde Orlok en Nosferatu (1922) de F.W. Murnau. Otra gran diferencia radica en que esta producción se llevó a cabo por completo en California, dentro de enormes soundstages que tuvieron que mantenerse todo el tiempo a 35 grados bajo cero para dar la impresión de un verdadero invierno, tal y como se ve en pantalla. Eso significa que cuando vemos aire frío saliendo de la boca de los personajes, no es ningún efecto añadido en postproducción, !es de a de veras!


Desde el punto de vista creativo, la mayor aportación de Burton a la mitología del hombre murciélago fue su capacidad para re-inventar a dos de sus villanos más conocidos, llegando a transmitir por momentos la sensación de que si a Bob Kane jamás se le hubiese ocurrido crearlos, probablemente Burton lo hubiera hecho. El ejemplo más radical de ello lo encontramos en Oswald Chesterfield Cobblepot, mejor conocido con el sobrenombre de “El Pingüino”. Desde su primera aparición en Detective Comics # 58, no había dejado de ser retratado como un hombrecillo rechoncho y refinado que vestía traje de etiqueta, monóculo y cigarrillo en boquilla alargada. Sus únicas extravagancias eran su obsesión por las aves y las diversas sombrillas que utilizaba en calidad de armas. ¿Cómo hacer interesante a un personaje tan anodino? La respuesta es muy sencilla: volviéndolo más monstruoso y siniestro de lo que se podría esperar. Con esto en mente, Burton y el guionista Daniel Waters se dispusieron a hacer de él un autentico hombre pingüino: un niño deforme abandonado por su familia rica en las alcantarillas, donde años más tarde junta a un ejercito de pingüinos asesinos con los cuales planea destruir a todos los hijos primogénitos de Ciudad Gótica, en venganza por la infancia que nunca tuvo. Obeso, tosco, sicótico, secretando un desagradable liquido negro cada vez que experimenta emociones fuertes y con un apetito sexual que haría que el mismísimo Sigmund Freud se rascara la cabeza, el pingüino burtoniano es un testamento al talento del director para convertir a personajes clásicos en seres que habitan su particular universo fílmico.

Otro de los mayores aciertos de Batman Regresa es que a diferencia de su predecesora, se preocupa por desarrollar un papel femenino lo suficientemente fuerte como para convertirse en una digna contraparte del caballero de la noche. En mi humilde opinión, este siempre ha sido uno de los puntos débiles en esta franquicia. No quiero ponerme a hablar mal de Kim Basinger, pero es justo y necesario señalar que su personaje en el primer filme rara vez se salía del molde de la damisela en peligro, contribuyendo a que llegase un punto en que comenzaba a parecer realmente fastidiosa. Por fortuna, dicho error se ve corregido gracias a Michelle Pfeiffer en el papel de Selina Kyle, la burda secretaria de Max Schrek que justo después de ser victima de una de las maquinaciones de su jefe, regresa transformada en la despampanante y letal Gatubela. Al igual que con el pingüino, Burton aprovechó para darle una remodelación completa a su origen. De ser una ladrona corriente vestida en traje de gato, pasó a ser una mujer insegura que encuentra en su alter ego el poder para darle rienda suelta a la furia que siente por tener que vivir en un mundo dominado por el sexo masculino. Esto contribuye a que no sólo iguale, sino que incluso supere a Batman en términos de fuerza, agilidad y astucia. Pero más interesante aún es la dinámica que se maneja entre ambos a lo largo de la historia. Cuando Batman y Gatubela no se encuentran combatiendo a muerte en los tejados, Bruce Wayne y Selina Kyle comienzan un apasionado romance. Los dos son individuos marcados por la necesidad de una doble vida, lo cual los convierte en los perfectos amantes, y paradójicamente, en sus peores enemigos. Esta dicotomía alcanza uno de sus puntos más álgidos cuando se encuentran en una fiesta de disfraces y cada uno comienza a hacer insinuaciones subconscientes sobre el secreto del otro. Para añadirle un poco de ironía a la escena, ellos son los únicos en toda la fiesta que no vienen disfrazados. Burton retoma el concepto de la dualidad que había bosquejado en el filme anterior, logrando así una de las escenas más complejas que haya plasmado en toda su filmografía.

Batman Regresa fue estrenada el 19 de junio de 1992 en Estados Unidos, generando una ganancia de $45.69 millones de dólares en su primer fin de semana. Aún así, las reacciones generales fueron muy contradictorias. El problema se puede reducir fácilmente a una simple diferencia de expectativas. Tanto la crítica como el público se fueron con la idea de que verían una inofensiva superproducción veraniega de acción y aventuras. Pero en lugar de eso, se encontraron con una historia lúgubre, deprimente y más psicológica de lo que su estado de ánimo podía permitirles disfrutar. Lo que querían ver era a Batman combatiendo villanos y salvando a Ciudad Gótica; no al Pingüino manejando un carro en forma de patito gigante o a Gatubela metiéndose a la boca un pájaro vivo. De hecho, viéndolo en retrospectiva, creo que merece ser considerada como una de las películas más extrañas que haya sido producida por un estudio hollywoodense en la década de los noventa. Por desgracia, los ejecutivos en el área de mercadeo de la Warner no tomaron en cuenta ninguna de estas peculiaridades y cometieron el gravísimo error de armar toda una campaña de promoción como si se tratara de cualquier otro filme. Esto se hizo evidente cuando McDonald´s tuvo que retirar su línea de juguetes en el paquete infantil después de que varios padres de familia se quejaron de que la película era demasiado violenta para los niños.

La primera vez que la vi fue en el ahora desaparecido cine de la Avenida Colón. Por alguna razón que no recuerdo, fui acompañado no de mis padres sino de mis tíos maternos. Cuando salimos de la sala, la expresión indignada en sus rostros era verdaderamente indescriptible. Quien los hubiera visto pensaría que los acababan de asaltar o de golpear en el estomago. Yo, por mi parte, me quedé completamente callado durante el camino de regreso a casa. Lo que acababa de ver había causado algo nuevo y emocionante en mi interior que no podía explicar. Por primera vez me había sentido transportado a un mundo fantástico que ni siquiera en mis sueños o pesadillas más salvajes había imaginado que pudiese existir. Quería con todas mis fuerzas volver a ver ese mundo. Entrar a él, tocarlo, olerlo, comérmelo golosamente con todos y cada uno de mis sentidos. Llegó un momento en que verlo una y otra vez en videocasete tampoco era suficiente. Siempre quería más. Era una droga. Llegué entonces a la conclusión de que el motivo por el que nunca me daba abasto con este mundo se debía a que, más allá de visitarlo las veces que se me diera la gana, lo que yo quería realmente era descubrir qué había detrás de él. ¿Cómo fue creado? ¿Por qué fue creado de esa manera y no de otra? En pocas palabras, Batman Regresa marcó el momento en que dejé de ver al cine como mero espectador para comenzar a interesarme en el aspecto técnico y artístico del mismo. Junto con La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange, 1971) de Stanley Kubrick y Taxi Driver (1975) de Martin Scorcesse, fue la primera película que representó el principio del fin de mi virginidad cinematográfica.

Para transmitirles mejor una idea de mi viaje a este mundo nuevo, les presento a continuación la primera secuencia, con la cual el filme establece maravillosamente desde sus primeros minutos la atmósfera exacta dentro de la que se moverá a lo largo de su desarrollo. Los espero para el próximo capitulo de estas crónicas, en el que exploraremos a detalle las circunstancias en las que Burton se vio obligado a hacerse a un lado para que el futuro de Batman en la pantalla grande adoptase un camino diferente. Nos vemos.

viernes, 21 de noviembre de 2008

GLOSARIO DE LA ÚLTIMA FANTASIA DE TERRY GILLIAM


LOS HERMANOS GRIMM (THE BROTHERS GRIMM, 2005)
Dirigida por Terry Gilliam.
Escrita por Ehren Kruger.
Producida por Charles Roven y Daniel Bobker.
Protagonistas: Matt Damon, Heath Ledger, Peter Stormare, Jonathan Pryce, Lena Headey y Monica Bellucci.

CUENTO DE HADAS: Historia con personajes folklóricos como hadas, goblins, elfos, trolls, gigantes y otros / Subgénero literario del cuento que suele involucrar a reyes, reinas, príncipes y princesas, un final feliz y una moraleja.

JAKOB Y WILHELM GRIMM: Narradores y catedráticos alemanes del siglo XVII, conocidos en todo el mundo por cuentos populares como Blanca Nieves y los siete enanitos, Caperucita Roja, Cenicienta y Hansel y Gretel.

TERRY GILLIAM: Dibujante, miembro co-fundador del grupo de repertorio cómico Monty Python y creador de los exuberantes e irreverentes universos evocados a través de cintas como Brazil (1985), Las Aventuras del Barón Munchausen (The Adventures of Baron Munchausen, 1988), El Pescador de Ilusiones (The Fisher King, 1991) y 12 Monos (12 Monkeys, 1995) / Director tildado por la industria de necio, obsesivo, presuntuoso e irresponsable con los presupuestos asignados a sus películas, estigma que durante más de una década ha ocasionado que una buena parte de sus proyectos hayan sido financieramente obstaculizados / Un Don Quijote moderno dispuesto a estrellarse las veces que sean necesarias contra los molinos de la mercadotecnia hollywoodense, tan solo para mostrar al publico lo que bulle dentro de su cabeza.

LOS HERMANOS GRIMM: Transformación de la vida de los autores alemanes en un emocionante relato de acción, suspenso y comedia, amalgamado maravillosamente con las constantes Gilliamianas (la fantasía como arma y escape, imaginación vs. lógica) / El regreso triunfal de Gilliam a las salas comerciales después del trago amargo que para él significo tener que cancelar la producción de su homenaje particular al clásico de Cervantes (¡Crueles ironías, mi fiel Sancho!) / El coqueteo de Gilliam con las imágenes computarizadas en lo que bien sería su primer filme deliberadamente genérico y comercializable, señal de decepción para sus más devotos aficionados y de deleite para los no familiarizados con su nombre, o al menos para aquellos incapaces de digerir sus propuestas más pesadas / Un Heath Ledger que con sorpresiva naturalidad adapta sus costumbres actorales a la perspectiva de quien lo dirige, no así Matt Damon, a quien parece costarle más trabajo integrarse a la clase de humor sutil y subversivo que sólo un conocedor del trabajo de Gilliam en Python podría reconocer y, por lo tanto, apreciar / Jonathan Pryce como un divertido general francés que no logra disfrutar de una comida decente en Alemania / Una deslumbrante intervención de la bellísima Mónica Belluci, cuyo tiempo en pantalla se ve desafortunadamente minimizado / Un guiño afectuoso y sincero de Gilliam a la obra de los Grimm, así como al trasfondo histórico, político y social bajo el cual fuera engendrada / ¿Su reivindicación como un cineasta en quien Hollywood pueda confiar? Ya veremos.

DICCIONARIO DE LA LEAL ACADEMIA DE LA LENGUA YUCATECA

MACACHI: Orden en maya que denota la acción de ejercer el derecho a interrumpir el discurso del interlocutor cuando este nos parece insoportable o carente de algún sentido.

Equivalentes: !Silencio!, !Ya basta!, !A callar!, !Callate!, !Cierra la boca!, !Cierra el pico, etc.!

Ejemplos: !Macachi! !Deja de estar faaaaaaaaaaastidiando!*

*Dedicado a mi buen amigo Ramón "Moncho" Vallejos.

sábado, 15 de noviembre de 2008

CRONICAS DEL MURCIELAGO (PARTE I)

Definitivamente, este es un momento ideal para ser fan de Batman. Gracías al abrumador éxito de critica y de taquilla cosechado el verano pasado por El Caballero De La Noche, el personaje creado por Bob Kane y Bill Finger no solo ha recuperado su credibilidad en la pantalla grande, sino que la ha llevado a un nivel completamente nuevo. Mientras redacto estas lineas, miles de blogs y foros en la red especulan sobre la tercera entrega a manos de Christopher Nolan, ofreciendo inumerables teorías acerca la posible trama y el nuevo villano que habrá de llenar los enormes zapatos dejados por Heath Ledger como el Joker. Las bati expectativas no habían sido tan grandes desde el estreno de la primera entrega oficial de la franquicia producida por Warner Bros. en 1989.

Al igual que con muchos niños de mi generación, las peliculas de Batman marcaron mi vida de una manera muy especial. Me presentaron un mundo emocionante al que podía sumergirme cada vez que quisiera, hicieron que me enamorase por primera vez del personaje, y sobre todo, desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo de mi pasión por el cine. Con el lanzamiento de El Caballero De La Noche en DVD programado para este mes de diciembre, he decidido rendirle homenaje a esta saga en una serie de cinco partes, describiendo a profundidad los detalles de la producción de cada película, sus meritos a nivel cinematográfico, sus defectos (que bien que los tienen), su legado dentro de la franquicia y la impresión personal que dejaron en mí como expectador. Notese que no voy a mencionar el serial para cine de 1948, la pelicula basada en la serie de televisión producida en 1966 ni alguna de las peliculas derivadas de la serie animada de los noventa. El interes de estos posts se enfocará exclusivamente en las seis producciónes de acción en vivo producidas por la Warner de 1989 al 2005, puesto que esas son las más reconocibles tanto para un servidor como para la mayoría del público.

Uno de los factores que distinguen a Batman es que a lo largo de su trayectoria ha sufrido varias modificaciones dependiendo de las necesidades y gustos del público en diferentes epocas. En 1939, año oficial de su primera aparición en DC comics, era un vigilante misterioso y solitario que combatía el crimen organizado usando metodos extremos que muchas veces no lo diferenciaban de los malvivientes contra los que peleaba. En varias ocasiones llegaba incluso a matar con saña a sus adversarios. Más adelante, con la llegada de Robin, su compañero de aventuras, su imagen se fue suavizando cada vez más. Este proceso de relajación culminó en la decada de los sesenta, año en que se popularizó la serie televisiva protagonizada por Adam West y Burt Ward. Para ese entonces, había dejado de ser la figura vengadora que acechaba en las sombras para convertirse en un payaso con mallas y máscara que inspiraba más risa que temor.

Por fortuna, a mediados de los ochenta, la publicación de novelas gráficas como The Dark Knight Returns y Batman: Year One de Frank Miller establecieron el retorno del personaje a sus raices oscuras. El éxito de estos titulos, junto con The Killing Joke de Alan Moore y Brian Bolland (de la cual el filme tomó inspiración directa para dar a conocer el origen del Joker) propició que Hollywood se diera cuenta de que había mercado para un público ansioso por un Batman más serio. Con esto en mente, los productores Jon Peters y Peter Guber se pusieron a buscar a un director con las habilidades necesarias para materializar esta visión en la pantalla. Despues de muchas pesquisas, hallaron a un joven llamado Tim Burton, cuya experiencia en largometrajes se limitaba en ese entonces a dos comedias de bajo presupuesto: Pee Wee´s Big Adventure (1985) y Beetlejuice (1988). A pesar de ser primerizo, Burton demostró estar a la altura de gigantesca tarea que le esperaba.

En manos de Burton, Ciudad Gotica fue presentada como una Nueva York opresiva, con rascacielos como agujas apuntando hacia el cielo y callejones sucios y llenos de vapor en los que rara vez la luz del sol se atrevía a asomarse. Una ciudad que podría haber salido directamente de la peor pesadilla de Fritz Lang. En esta urbe decadente, los ciudadanos viven con miedo e incertidumbre constantes, ya que el crimen gobierna cada rincón y la policía misma ha sido corrompida. ¿Qué mejor escenario que este para la aparición del hombre murcielago, quien rapidamente comienza a generar miedo entre la comunidad delictiva y desconfianza entre las autoridades, esta últimas considerandolo un demente que sólo busca justicia por mano propia y que debe ser detenido cuanto antes? De esta manera, Burton logra hacerle justicia a los ingredientes básicos que definieron la primera aparición de Batman en los comics, y al mismo tiempo aporta a la historia su singular firma estilistica. Más aún, la Ciudad Gotica de Burton adquiere un caracter particularmente fantastico gracias a la atemporalidad con se que concibe. Tanto el vestuario como muchos otros objetos (automoviles, camaras fotograficas, etc.) corresponden a la misma decada en que Batman hace su debut; es decír, la decada de los treinta y cuarenta. Sin embargo, existen numerosas referencias a otros objetos más cercanos a la época en que la pelicula fue realizada, tales como computadoras y faxes. El entorno en el que Batman se mueve parece operar en una realidad alterna en la que la continuidad historica juega consigo misma, siendo imposible ubicarlo claramente en una sola urbe norteamericana o decada en particular.


(ATENCIÓN: el siguiente parrafo contiene spoilers)

Pese a todos estos logros a nivel artistico, una de las libertades que Burton se tomó con el origen de Batman fue severamente criticada en su momento por los seguidores más fanaticos del comic (y recalco la palabra FANATICOS). Poco antes del climax de la pelicula, nos enteramos por medio de un flashback que el asesino de los padres de Bruce Wayne (Michael Keaton) fue nada mas ni nada menos que Jack Naiper, matón a sueldo de la mafia que años más tarde sería accidentalmente arrojado a una tina de quimicos, convirtiendose en el grotesco Joker (Jack Nicholson). Es evidente que darle al asesino de Thomas y Martha Wayne un rostro y nombre concretos reduce la compleja cruzada de Batman contra la entidad colectiva del crimen a una venganza en contra de un sólo malechor en especifico. Visto desde ese angulo, se desvía significativamente de la esencia del personaje. Sin embargo, entiendo claramente cual era la intención detrás de esta modificación. Burton optó por plantearlo de esta manera para subrayar la noción de que Batman y Joker son dos caras de una misma moneda. Heroe y villano se crearon mutuamente, y por lo tanto, comparten un vinculo que automaticamente convierte a uno en la mitad del otro. El propio caballero de la noche lo afirma durante su confrontación final: yo te hice, pero tu me hiciste primero. La dualidad es el aspecto que más le interesa a Burton explorar en sus peliculas de Batman. Y como veremos más adelante, de todos los directores que lo han retratado en la pantalla, es el que menos se preocupa por guardarle fidelidad a los comics.

Y ya que estamos hablando de Batman, enfoquemonos un poco en la actuación de Michael Keaton. Aunque no lo crean, hubo mucha gente que puso el grito en el cielo cuando se anunció que habia sido seleccionado para él papel. Despues de todo, Keaton no era la idea que cualquiera pudiera tener de un heroe de acción. Sus apariciones más conocidas hasta ese momento habían sido en la comedia Nightshift (1982) de Ron Howard y bajos las ordenes de Burton en Beetlejuice. ¿Como podría un actor de comedia relativamente desconocido y sin una destacada complexión fisica dar la impresión de que podría meterse debajo del batitraje? !Esa es precisamente la cuestion! Keaton es la última persona en el mundo a la que nos podriamos imaginar como un justiciero enmascarado, de la misma forma en que nadie sospecharía seriamente que el aburrido y vanidoso Bruce Wayne es en realidad Batman. Y por eso mismo hay quienes lo consideran como el mejor actor que se haya puesto la capa y la capucha. Utilizando herramientas tan sutiles como un simple gesto o una mirada, transmite la desubicación y confusion emocional del personaje, como si fuera un individuo que nunca esta cómodo dentro de su propia piel. Aunque por momentos parece que se le pasó un poco la mano, ya que da la sensación de que no puede abrir un frasco de mayonesa sin la ayuda de Alfred o de que se sacó su fortuna en la Loteria Nacional.

Y por supuesto, no podemos omitir la inolvidable actuación de Jack Nicholson detrás del maquillaje y la sonrisa del Joker, el payaso principe del crimen. Muchos se quejaron en su momento de que Nicholson se robaba la mayor parte de las escenas, relegando a Batman en el plano de una simple comparsa. Burton ha tratado de justificarlo con el argumento de que Batman es una figura misteriosa que prefiere mantenerse escondido la mayor parte del tiempo. Por lo tanto, no vamos a estarlo viendo cada cinco minutos sólo por que su nombre es también el titulo de la pelicula. Aunque esto es debatible, la verdad es que el filme no habría sido lo mismo de no haber contado con Nicholson. Su participación causó tal impacto que a partir de ese momento las estrellas más grandes de Hollywood se interesaron por interpretar a los villanos en secuelas posteriores. Para muchos de ellos, ser enemigo de Batman adquirió cierto prestigio, casi tanto como si estuviesen haciendo a un personaje de Shakespeare. Una de las escenas que más recuerdo vividamente es aquella en la que el Joker acaba de asesinar a uno de sus complices que se le estaba poniendo al brinco y se pone a platicar con su cadaver. La vi por primera vez cuando tenía ocho años y hasta el día de hoy me produce escalofríos.

Además de pasar a la historia como uno de los éxitos de taquilla más grandes de todos los tiempos, Batman re-introdujo a la creación de Bob Kane dentro de la cultura popular como una figura compleja y misteriosa que había que tomar en serio, marcó la pauta para otras adaptaciónes cinematográficas de superheroes y catapultó la carrera de Tim Burton, permitiendole acceso a más libertad creativa en sus futuras producciones. Poco despues de su estreno, los ejecutivos de la Warner ya babeaban por tener a Burton dirigiendo una segunda parte, aún cuando eso significara permitirle hacerla bajo sus propios terminos. Una decisión que terminarían lamentando amargamente, haciendo eco de aquellas poeticas palabras atribuidas a Oscar Wilde: Cuando los dioses quieren castigarnos, nos dan justo lo que les pedimos.

Sin nada más que agregar por ahora, los dejo con el trailer original de la pelicula.

Hasta la próxima.



viernes, 14 de noviembre de 2008

CUENTAME TU VIDA


En la ceremonia del Oscar para el 2005, tres de los cinco candidatos a la mejor película compartían un detalle muy distintivo: eran biopics. Es decir, películas biográficas; encargadas de relatar momentos importantes en la vida de personajes celebres, o por lo menos verídicos. La tendencia recurrente de reconocer a este tipo de producciones sirve para confirmar que Hollywood es un eterno enamorado del pasado. El ayer nunca es recordado mejor que en la pantalla grande. ¿Para que molestarse en crear historias cuando ya han existido muchas por si mismas que merecen ser contadas? Así las cosas, el género biográfico hace posible demostrar que ciertos actores merecen ganar un premio y que la meca del cine, a diferencia de lo que sus críticos puedan decir, tiene una conciencia histórica. Cuando Gandhi se hizo la favorita de la Academia en 1982, lo comprendido entre líneas era que no se estaba votando sólo por la actuación de Ben Kinsgley, sino también por el legado humanitario del Mahatma. Que tan sincera fue dicha premisa es una cuestión que permanece abierta a debate.

De lo que sí no hay duda es que esta tradición de homenajear vidas ajenas a través del celuloide no es nada nueva. Ya desde los años treinta, con una nación ávida de ejemplos que ayudasen a levantar la moral y hacer más soportable las condiciones adversas generadas por la caída del mercado de valores, empezaban a figurar en la taquilla filmes como The Life Of Emile Zola (1937) y The Story Of Louis Pasteur (1936), ambas dirigidas por William Dieterle y que presentaban el antecedente de hombres que habían alcanzado logros sobresalientes para el beneficio y el desarrollo de la sociedad. Estas primeras muestras contaban con un enfoque más académico que dramático, queriendo abarcar un retrato sobrio y minucioso del personaje. Históricamente congruentes en casi todos los aspectos, adolecían de un desarrollo errático en la construcción y evolución de un argumento. Con el paso de los años, el enfoque fue ampliándose hasta desembocar en maneras y estilos diversos a seguir para “hacer de la vida una película”. Uno de los más utilizados consiste ya no en una re-producción exacta, sino más bien en una interpretación de los realizadores acerca del sujeto con base a datos obtenidos mediante investigación. Los problemas que implica esta clase de aproximación al material suelen venir de dos frentes: los historiadores que no toleran la licencia poética de los cineastas y los allegados íntimos a la persona en cuestión, quienes, desde su punto de vista, deberían tener la última palabra sobre lo que se ha de añadir u omitir en la recreación de los hechos. Oliver Stone tuvo que mantener contenta a la familia de Pamela Courson en The Doors (1991), eliminando cualquier escena que diera sustento a los rumores que la incriminaban directamente con la muerte de Jim Morrison. No así pudo complacer a Ray Manzarek, tecladista original de la banda, quien acusó a Stone de denigrar la imagen del Rey Lagarto al enfatizar su consumo de alcohol y drogas duras y obviar su faceta lírica, meditativa y humana. En la misma línea, las hijas de Richard Nixon tampoco le perdonaron a Stone haber mostrado a su papá bajo una luz tan poco indulgente en Nixon (1995), drama al estilo shakesperiano alejado a años luz de lo que los libros de historia se limitan a mencionar sobre el famoso (e infame) ex presidente de Estados Unidos, donde se le atribuía un enlace con la mafia para derrocar a Fidel Castro y sugería que contó con la ayuda de los asesinos de Kennedy para obtener la presidencia. Caso similar fue el de Ed Wood (1994), pieza menospreciada dentro de la filmografía de Tim Burton que con el paso del tiempo ha adquirido un estatus de culto, redimiendo a un cineasta mediocre y homenajeando a la figura de Bela Lugosi, interpretado en la cinta por Martín Landau. Bela Lugosi Jr. objetó el uso habitual de palabras altisonantes en la caracterización de Landau, argumentando que jamás escuchó a su padre usar semejante lenguaje frente a él. Por otro lado, en lo que respecta a quisquillosos de la historia, la verdad es que los mexicanos tampoco nos quedamos muy atrás. ¿Quién no pegó el grito en el cielo ante Frida (2002), antología de hits pictórico-anecdóticos de la señora de Diego Rivera a cargo de Julie Taymor? Ni siquiera las nominaciones que Salma Hayek y Felipe Fernández del Paso cosecharon en los respectivos rubros de Mejor Actriz y Mejor Dirección de Arte pudieron impedir que la critica especializada se concentrará en lugares comunes de la opinión pública: que la verdadera Frida Kahlo era más fea, que mezclar el ingles con el español era un insulto a la patria….Claro que también ha habido ocasiones en que los hechos supeditados a la imaginación han ido demasiado lejos. ¿Cómo no tener pesadillas con Lucerito y Alejandro Fernández gracias a aquel ejercicio ejemplar de ridiculez involuntaria que Alfonso Arau bautizó con el nombre de Zapata: El Sueño del Héroe (2004)?

Otra manera de dramatizar una vida consiste en mostrar una sola etapa o capitulo representativo de ella, en lugar de su totalidad. En El Aviador (2004), Scorsese pudo haberse aventurado a contar el ascenso y la caída de Howard Hughes, creando con ella una de los filmes más largos, costosos y accidentados que hubiesen existido. Sabiamente, optó mejor por seleccionar la juventud del magnate, piloto y productor Hollywoodense, cuando sus hazañas en el aire y en la cama venían de la mano con los primeros síntomas de una enfermedad mental que acabaría por consumirlo. En contraste, Ray (2004) sufre de una pretensión por querer abarcar diversas décadas en la carrera del músico afro americano Ray Charles mediante suppers indicativos que no se apetecían nada elegantes ni naturales, lo último rematado por una resolución que desviaba al filme de su intención de homenajear al padrino del rythim and blues y lo reducía a una fabula simplona sobre la adicción a las drogas.

Para cualquier actor, encarnar a alguien real constituye un delicado equilibrio de fuerzas. Deben honrar su esencia a través de su acento, su caminar, sus gestos, manierismos e ideología. Pero al mismo tiempo, deben hacer lo posible por hacerlo suyo y evitar dar la impresión de ser muñecos manipulados por el fantasma de su propio personaje. Si lo hacen bien, la experiencia resultará ser un bautizo de fuego que catapultará sus carreras. Fue preciso que Javier Bardem se introdujera en la piel del escritor cubano Reinaldo Arenas en Before Night Falls (1999) para que el mundo supiera de su existencia. Confesiones de Una Mente Peligrosa (2002) sirvió como evidencia de que George Clooney no es mal director y que Sam Rockwell es un talento al que no se le debe perder de vista. Revivir a Sid Vicious en Sid & Nancy (1986) fue para el joven Gary Oldman tanto una bendición como una cruz, puesto que aunque el filme le abrió puertas, lo condenó de igual forma a tener que hacer lo mismo con Joe Orton (Prick Up Your Ears, 1987), Lee Harvey Oswald (JFK ,1991) y Ludwig Van Beethoven (Inmortal Beloved, 1994).

Como quiera que sea, las biografías llevadas a la pantalla han posibilitado que nos deleitemos con los logros y fracasos de otras personas. Su vigencia en el medio cinematográfico está ahí para recordarnos que las vidas que vale la pena vivir no necesariamente son las nuestras.

EL DESAFIO DE REYGADAS


BATALLA EN EL CIELO (2005)

Escrita y Dirigida por Carlos Reygadas.
Producida por Philippe Bober, Susanne Marian, Carlos Reygadas y Jaime Romandia.
Protagonistas: Marcos Hernández, Amapola Mushkadiz, Bertha Ruiz, David Bornstien y Rosalinda Ramírez.

Había muy poca gente en la sala, además de un servidor. La mayoría eran parejas, de las cuales una ya había tenido suficiente y decidió marcharse. Caminando por el pasillo de la salida, escuché claramente a un hombre decirle a su mujer: “no vuelvo a ver una película mexicana en toda mi vida”. Una vez afuera, me acerqué al póster para encontrarme con la siguiente frase promocional: “La película más provocadora del cine mexicano”. Comprendí a la perfección todo esto después de haber ido a ver “Batalla en el Cielo”. Puedo asegurarles que aquel caballero no será el primero ni el último en expresar abiertamente su desagrado ante una propuesta cinematográfica como esta.
Importándole un reverendo cacahuate los ingredientes básicos de todos los éxitos de taquilla nacionales en los últimos diez años, Carlos Reygadas se perfila como un cineasta osado cuya meta no es caerle bien a su público sino mostrar las cosas de la manera precisa en que las ve y las siente. Olvídense de los amores perros de Alejandro Gonzáles Iñarritu, las ciudades oscuras de Fernando Sariñana o las tres noches de educación sexo-sentimental por cortesía de Alejandro Gamboa. Aquí no están las caritas dulces de Diego Luna o de Gael García para amparar al espectador ante la confrontación estética que le espera. La historia de un chofer involucrado junto con su esposa en un intento de secuestro fallido y atraído en secreto por la hija de su patrón proporciona al director la excusa ideal para hacer una lista contemplativa de muchos de los lugares comunes en la idiosincrasia nacional, como podrían serlo la procesión hacía la basílica de Guadalupe para alcanzar una consciencia limpia, el desempeño del comercio informal y la pasión desmedida por el fútbol soccer, entre otros.
Confiriéndole a estas imágenes de la vida diaria en el distrito federal un abrumador poder naturalista, envolvente y hasta cierto punto lírico, Reygadas parece querer encontrar lo extraordinario dentro de lo ordinario; es decir, hacer consciente al espectador de una magia y misterio ocultos detrás de cada acto cotidiano y del que rara vez uno se percata al momento en que lo realiza. Sabemos que atravesamos por el tráfico en el camino al trabajo, sin nunca estar realmente conscientes de que, efectivamente, pasamos a través de él. Nos sabemos poseedores de un espacio para nuestra vida sexual, más ¿cuando somos capaces de admitir lo primario que esta resulta ser?
Sobre todo por este último ejemplo, desprovisto del habitual preciosismo hollywoodense, veo difícil que esta cinta pueda ganarse el entusiasmo de la audiencia. No por tratarse de un trabajo deplorable, sino por ser un banquete visual (para algunos será más bien una orgía) demasiado grande como para que alguien se lo acabe. Lars Von Trier dijo una vez que una buena película debería de ser como una piedrita en el zapato. Siguiendo esta lógica, “Batalla en el Cielo” sería una montaña. ¿Obra de arte, como el jurado del pasado festival de Cannes quiso hacernos suponer o un simple y deliberado despliegue de exceso y pretensión? Veanla y tengan la última palabra.

sábado, 8 de noviembre de 2008

DIOS SALVE A LA REINA

Despues de mucha deliberación sesuda y de consultas con la almohada, he decidido a partir de este mes comenzar a publicar en este espacio lo bueno, lo malo, lo feo y lo peorcito de mis tres años como critico de cine en el Diario de Yucatán. Para los que siempre quisieron tener una idea de mi "estilo de critica" ahora tendran cada semana una pequeña muestra. Comencemos con una de las peliculas que más placer me dio reseñar en su momento. Ni me pregunten a que fecha pertenece por que ya ni me acuerdo (ni mucho menos me interesa).


LA REINA (THE QUEEN, 2006)
Dirigida por Stephen Frears.
Escrita por Peter Morgan.
Producida por Andy Harries, Christine Langan y Tracey Seaward
Protagonistas: Helen Mirren, Michael Sheen, James Cromwell, Alex Jennings y Sylvia Syms.

- ¿Ya le hemos enseñado como iniciar una guerra nuclear?
- Er...no.
- Al parecer, eso es lo primero que hacemos. Luego le quitamos su pasaporte y pasamos el resto de nuestro tiempo mandándolo a viajar por todo el mundo.
- Obviamente usted conoce mi trabajo mejor que yo.
- Bueno, usted es mí décimo Primer Ministro, Sr. Blair. El primero, por supuesto, fue Winston Churchill. Él solía sentarse en esa misma silla, con su abrigo y sombrero de copa. Y fue lo bastante amable para enseñarle muchas cosas a una niña tímida como yo.

Tony Blair y la Reina Isabel II. La reforma del Partido Laborista chocando sutilmente con cientos de años en tradición monárquica. Dos generaciones. Dos actitudes. Dos maneras de ver el mundo. Y como veremos más adelante, dos estilos para hacerle frente a una tragedia. En ninguna otra escena o dialogo se aprecia este contraste como en el segmento anterior que me he tomado la libertad de transcribir. Entre las consentidas del Festival de Venecia del 2006, los Globos de Oro y los Premios de la Academia, “La Reina” dramatiza los momentos de repudio por parte de la opinión publica que los miembros de la familia real vivieron a partir del accidente de transito que acabó con la vida de la Princesa Diana en 1997, luego de que se negaran a dar una declaración o muestra pública de luto respecto al suceso.

Producto del incisivo guión elaborado por Peter Morgan y la sobria pero certera dirección del británico Stephen Frears (creador, entre otras obras, de la exitosa adaptación de “Relaciones Peligrosas” estelarizada por Glenn Close y John Malkovich en 1988), la película es un mordaz estudio del estado de negación al que las figuras publicas pueden llegar a caer en su intento por guardar las apariencias ante situaciones criticas. Asimismo, constituye un ejemplo muy grato de cómo los argumentos inspirados en hechos verídicos no tienen por que degenerar en pretensiones estéticas y excesos melodramáticos. Pero más que nada, nos encontramos ante una reflexión sobre el significado de la realeza en los tiempos modernos, donde drama y humorismo corren a través de canales paralelos hasta desembocar en una fascinante confrontación entre el lamento de los ciudadanos ingleses por la perdida de “la princesa del pueblo” y el silencio testarudo de su majestad. La secuencia que reproduce los últimos minutos en la vida de Diana con base a imágenes de archivo resulta tan impactante como sobrecogedora, así como el empleo en calidad de herramienta dramática que Frears le otorga a varias entrevistas transmitidas después de su muerte. Es casi como si Diana se hubiese convertido en una especie de fantasma cuya memoria acosa a Isabel desde la pantalla de televisión mientras que la popularidad de esta disminuye y la de su antigua nuera florece desde la tumba.
Finalmente, no puedo concluir esta reseña sin hacer mención de la titánica tarea de Helen Mirren para canalizar en ojos, alma y peluca a la soberana de Inglaterra. Se dice por ahí que ningún actor ha pasado por su bautismo de fuego hasta no haberse metido en la piel de una persona verdadera. En lo que a mi respecta, Mirren ya lo hecho con este rol una y muchas veces más.